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El heroísmo de Snowden sigue brillando

<strong>El heroísmo de Snowden sigue brillando</strong>

Por James Bovard

Fuentes: CounterPunch / Future of Freedom Foundation

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Rebelión 09 de junio del 2023.- Esta semana se cumplen diez años de las revelaciones sobre la vigilancia ilegal llevada a cabo por las instituciones federales de EE.UU. con las que Edward Snowden conmocionó al mundo. Lamentablemente, muchos de los medios de comunicación que utilizaron sus filtraciones de información confidencial hace tiempo que le ignoran o que se unieron a la desvergonzada avalancha que pide su procesamiento.

Snowden prestó un servicio heroico al descubrir a los estadounidenses el saqueo de su privacidad que Washington llevaba a cabo. La «recompensa» de Snowden fue acabar desterrado en Rusia sin la más mínima posibilidad de un juicio justo si regresa a Estados Unidos. Pero como él mismo declaró con valentía: «Prefiero quedarme sin Estado que sin voz». También explicó por qué filtró la información clasificada: «No podía permitir en conciencia que el gobierno de Estados Unidos destruya la privacidad, la libertad en Internet y las libertades básicas de personas de todo el mundo con esta máquina de vigilancia masiva que están construyendo en secreto».

Para reconocer la contribución de Snowden a la libertad, conviene repasar el panorama político y jurídico anterior a sus revelaciones. En 2008, las denuncias del senador Barack Obama sobre las escuchas sin orden judicial de la Administración Bush afianzaron su imagen de defensor de las libertades civiles. En su campaña presidencial, Obama prometió «no más escuchas ilegales de ciudadanos estadounidenses…. No más ignorar la ley cuando sea inconveniente». Por desgracia, Obama no prometió no ignorar la ley cuando fuera «muy, muy conveniente».

Barack Obama: El espía en jefe de Estados Unidos

Cuando Obama consiguió la nominación presidencial del Partido Demócrata, dio marcha atrás y votó a favor de conceder inmunidad a las empresas de telecomunicaciones que traicionaran a sus clientes ante el Tío Sam. Esto no fue sino un anticipo del modo en que pisotearía la Constitución en el futuro. Tras su toma de posesión, las personas nombradas por Obama ampliaron rápidamente las incautaciones de datos personales de los estadounidenses por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés). El Washington Post caracterizó el primer mandato de Obama como «un período de crecimiento exponencial de la recolección nacional de datos de la NSA».

El goteo de revelaciones de vigilancia ilícita que comenzó tras el 11-S continuó a pesar del mantra de «esperanza y cambio» que supuestamente pregonaba Obama. Poco después de su toma de posesión, el ex analista de la NSA Russell Tice declaró que la NSA estaba vigilando «las comunicaciones de todos los estadounidenses: faxes, llamadas telefónicas y comunicaciones informáticas». Tice también reveló que la NSA había seleccionado a periodistas y agencias de noticias para pinchar sus teléfonos. Las revelaciones de Tice no lograron captar la atención de los medios de comunicación.

En junio de 2009, la NSA admitió haber recopilado accidentalmente información personal de un gran número de estadounidenses. El New York Times informó de que «el número de comunicaciones individuales que se recogieron indebidamente podría ascender a millones». Pero no se trataba de un delito, sino simplemente de una involuntaria «recopilación excesiva» de datos personales de estadounidenses que la NSA conservaría durante (al menos) cinco años.

En 2010 el Washington Post informó de que «cada día, los sistemas de recopilación [de la NSA] interceptan y almacenan 1.700 millones de correos electrónicos, llamadas telefónicas y otro tipo de comunicaciones.» En 2011, la NSA amplió un programa para proporcionar información de localización en tiempo real de cada estadounidense con teléfono móvil, adquiriendo más de mil millones de registros de teléfonos móviles cada día de [la multinacional estadounidense de comunicaciones] AT&T. A pesar de todo, los medios de comunicación siguieron presentando a Obama como un defensor de las libertades civiles.

Obama perpetuó doctrinas jurídicas perversas de la era Bush para mantener la vigilancia federal totalmente al margen del escrutinio judicial. Después de que el Tribunal Supremo aceptara un caso sobre escuchas telefónicas sin orden judicial en 2012, la Administración Obama instó a los jueces a desestimar el caso. Un editorial del New York Times calificó la postura de la Administración como «un círculo vicioso especialmente cínico: dado que las escuchas son secretas y nadie puede decir con certeza que sus llamadas han sido o serán vigiladas, nadie está legitimado para presentar una demanda por la vigilancia».

El Tribunal Supremo avala la vigilancia

A cinco jueces les bastaron argumentos cínicos. El juez Samuel Alito, en representación de la mayoría, declaró que el tribunal era reacio a conceder legitimación para desafiar al gobierno basándose en «teorías que requieren conjeturas» y «ningún hecho específico» que demuestre los objetivos federales, basándose en temores de «hipotéticos daños futuros». El Tribunal Supremo insistió en que el gobierno ya ofrecía suficientes salvaguardias -como el Tribunal de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA)- para proteger los derechos de los estadounidenses. El profesor de Derecho Stephen Vladeck comentó la decisión: «Se ha clavado el ataúd que encierra la posibilidad de que los ciudadanos y los grupos de defensa de las libertades civiles cuestionen las políticas antiterroristas del gobierno».

Tres meses después, periódicos de todo el mundo empezaron a publicar documentos confidenciales filtrados por Snowden. Los estadounidenses se enteraron de que la NSA podía pinchar casi cualquier teléfono móvil del mundo, utilizar juegos de ordenador como Angry Birds para robar datos personales, acceder al correo electrónico y al historial de navegación web de cualquier persona, penetrar remotamente en casi cualquier ordenador y craquear la gran mayoría de los cifrados informáticos. La NSA utilizó aplicaciones de Facebook y Google para enviar programas malignos (malware) a personas concretas. La NSA filtró casi 200 millones de documentos al mes de cuentas en la nube de ordenadores privados. El Departamento de Justicia de Obama decretó en secreto que todos los registros telefónicos de todos los estadounidenses eran «relevantes» para las investigaciones sobre terrorismo y que, por tanto, la NSA podía incautarse justificadamente de los datos personales de todo el mundo.

James Bovard es autor de Attention Deficit Democracy, The Bush Betrayal, Terrorism and Tyeanny y otros libros. Su sitio web es www.jimboard.com. Este artículo fue publicado originalmente en Future of Freedom Foundation.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2023/06/08/ten-years-later-snowdens-heroism-shines-ever-brighter/

El presente artículo puede reproducirse libremente siempre que se respete su integridad y se nombre a su autor, a su traductor y a Rebelión como fuente del mismo.

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