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La batalla por el ‘agujero azul’ argentino, centro de la pesca ilegal en el Atlántico Sur

<strong>La batalla por el ‘agujero azul’ argentino, centro de la pesca ilegal en el Atlántico Sur</strong>

Sputnik 18 de abril del 2023.- La pesca ilegal ha convertido a la zona conocida como ‘agujero azul’ en una especie de ciudad flotante en el Atlántico Sur que el Gobierno argentino pretende regular con una ley. El ex secretario de Estado, César Lerena explicó a Sputnik cómo el área llegó a convertirse en lo que es y advirtió sobre los beneficios que el Reino Unido obtiene.

En marzo de 2023, la organización Solidaire, comandada por el piloto y cineasta argentino Enrique Piñeyro, montó un inédito vuelo con jerarcas argentinos e internacionales, periodistas y activistas hacia el ‘agujero azul’, una zona del Atlántico Sur conocida por ser el escenario que mejor evidencia el problema de la pesca ilegal.

Lo que los pasajeros del vuelo pudieron ver desde el aire los dejó perplejos: la oscuridad de la noche en medio del Atlántico Sur era interrumpida por un cúmulo de luces de embarcaciones de varios países que, en el límite del territorio marítimo argentino, pescan los recursos marítimos de la zona.

El ‘agujero azul’ se ubica a unos 500 kilómetros al este del golfo de San Jorge y sobre la línea divisoria que separa la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Argentina con aguas internacionales. De hecho, esa línea imaginaria —trazada a 200 millas del territorio continental— prácticamente parte por la mitad el ‘agujero azul’, de aproximadamente 6.600 kilómetros cuadrados de extensión.

Lo que hace tan valioso al ‘agujero azul’ es su biodiversidad. Allí conviven gran cantidad de especies marinas como la merluza, la vieira patagónica y el calamar Illex argentinus, recursos pesqueros muy valiosos no solo para Argentina sino para potencias pesqueras de todo el mundo. Como el límite entre la ZEE argentina y aguas internacionales solo tiene sentido para los humanos, todas las especies marinas que enriquecen la zona pasan de un lado a otro de la línea para alimentarse o reproducirse y luego vuelven a su zona de origen.

El enjambre de buques pesqueros extranjeros se mantiene pegado al límite, esperando, precisamente, que las especies marinas crucen a aguas internacionales para pescarlas.

Aunque la pesca parezca legal en aguas internacionales, expertos argentinos y organizaciones advierten que estos barcos no hacen más que pescar recursos que, si bien cumplen movimientos migratorios, se originan en el mar argentino.

“Al igual que las aves, los recursos pesqueros migran desde la ZEE hacia alta mar y, si logran completar el proceso que tiene fines de alimentación, reproducción o cuestiones climáticas, vuelven a la ZEE argentina”, explicó a Sputnik el doctor en Ciencias César Lerena, ex secretario de Estado y experto argentino en Atlántico Sur y Pesca.

El especialista remarcó que, aunque las embarcaciones no ingresen en el territorio argentino —de todas maneras, subrayó que “algunas lo hacen”— están “pescando recursos migratorios originarios de la ZEE”.

Lerena recordó, además, que las embarcaciones que pescan en el ‘agujero azul’ no están cumpliendo con algunas exigencias clave de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que rige desde 1982.

Mapa de la ubicación de la zona conocida como Agujero Azul

¿Pesca ilegal en aguas internacionales?

El experto aseguró que los buques que pescan recursos argentinos en alta mar no hacen estudios sobre capturas máximas sostenibles para conocer hasta qué punto pescar ejemplares sin generar una afectación permanente. Mientras este conocimiento sí se produce en los estados ribereños del Atlántico Sur —Argentina, Uruguay y Brasil— no se conoce ni se respeta por parte de pescadores internacionales.

Lerena advirtió además que los buques tampoco cumplen otro requisito de la Convención: ser controlados por sus países de origen. Según el experto, si bien existen seguimientos satélites de estas embarcaciones, el monitoreo es poco efectivo y, en la práctica, inexistente a la hora de controlar algunas prácticas depredatorias en el mar. El experto enfatizó que la Convención también establece que la pesca en alta mar “en ninguno de los casos puede afectar los intereses de terceros países”, algo que tampoco se cumple debido a la afectación que se hace a los recursos propios de Argentina.

La presencia de buques pesqueros en el ‘agujero azul’ no es escasa: solo durante la primera semana de marzo de 2023 se detectaron 404 buques en el ‘agujero azul’, de acuerdo con datos manejados por la organización Greenpeace, que advierte que la cantidad total de horas de pesca equivale a que haya 272 barcos operando 24 horas al día durante los 365 días del año.

Un dato consignado por el diario argentino La Nación es más gráfico aún: la superficie que abarca el cúmulo de embarcaciones en el ‘agujero azul’ supera el doble del de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y su área metropolitana. Lerena apuntó que, si bien el problema de la pesca ilegal en el Atlántico Sur es histórico, se disparó en las últimas cuatro décadas al son de la “creciente necesidad de proteínas en el mundo”.

En la actualidad, la mayor cantidad de buques que pescan en el ‘agujero azul’ son barcos poteros, que hacen pesca selectiva de los calamares, atrayéndolos con potentes luces para atraparlos con anzuelos o potas. Sin embargo, también hay pesca de arrastre que erosiona el suelo marino y resulta la actividad más perjudicial en la zona.

El área protegida: ¿un arma de doble filo?

En julio de 2022, la Cámara de Diputados argentina aprobó un proyecto de ley para convertir al ‘agujero azul’ en un Área Marina Protegida (AMP) en una zona de 148.000 kilómetros cuadrados que comprende al ‘agujero azul’ y el área en la que yacen los restos del submarino ARA San Juan, siniestrado en 2017.

El proyecto es defendido por el Gobierno argentino, pero también encuentra discrepancias entre estudiosos del tema. Para Lerena, una de las consecuencias negativas del área protegida es que termina beneficiando la administración que el Reino Unido hace de los mares circundantes a las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur.

Lerena recordó que la ocupación británica de las Malvinas incumple la resolución de Naciones Unidas de no innovar en el territorio, ya que en las últimas décadas ha otorgado licencias de pesca a embarcaciones en los alrededores de las islas, cuya soberanía es reclamada por Argentina.

“Es totalmente beneficioso para el Reino Unido, que bajo el pretexto de cuidar el recurso lo que va a hacer es proteger el recurso que ellos explotan otorgando licencias ilegales”, señaló.

Para el experto, Argentina también podría restringir la pesca en la zona con un acto administrativo, sin necesidad de una ley.

Lerena consideró que Argentina debe mejorar su capacidad de fiscalización y disuasión en el Atlántico Sur, de forma de acabar con la pesca ilegal de sus recursos pesqueros. Para el experto, una de las primeras acciones debería ser “sancionar a todos los buques que pescan en las Malvinas”, entre los que se encuentran embarcaciones de Corea, Taiwán o España, país que paradójicamente reconoce la soberanía argentina sobre Malvinas, pero cuyos buques reciben licencias británicas.

Según Lerena, mejorar la presencia argentina en la zona no solo permitirá cortar la pesca ilegal, sino también dar un paso hacia la recuperación de las islas.

“Argentina no va a poder recuperar las Malvinas si no empieza a administrar el Atlántico Sur, algo que no está haciendo en este momento y que no es otra cosa que investigar, conservar el recurso y distribuirlo”, argumentó.

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